"La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor..." nos decía Johann Christoph Friedrich von Schiller. Pero, lo que no anticipó el enorme filósofo y poeta alemán es que el amor puede ser también motivo de las ficciones, las fábulas y las mentiras. Justamente las comedias románticas forman parte de este género que constituyen una burla al romanticismo, pero siendo ridículamente románticas en su estructura, su mensaje y su trascendencia. El género de este tipo de films no es nuevo. Un antecedente remoto se puede rastrear en las obras de Shakespeare. "Sueño de una noche de verano" o "Mucho ruido y pocas nueces" donde el autor isabelino juega con los sentimientos humanos, se burla del clasicismo de anteriores autores, e inclusive de él mismo, de aquellos que sacralizaron el amor, que tomaron a este como fuente de divinidad. En cambio el amor entre los mortales siempre fue imperfecto, categóricamente incompleto, fútil y superficial, pero que sin embargo en estas pequeñas obras se termina por dar cuenta de lo virtuoso del amor mundano, aun cuando constituye la mayor veleidad que subyace en el corazón humano.
El romanticismo, ese subtancial movimiento cultural surgido hacia finales del siglo XVIII y que se extendió casi por todo el siglo XIX, predicó como heredero del liberalismo de su época su reivindicación del amor a la libertad y de la libertad para amar, de allí el despliegue de los sentimientos que se expresaban en dosis desbordantes de emociones incontrolables, esa pasión humana que podía llevar al extremo del sacrificio propio por el bien amado. En el Romanticismo el amor se hace sublime, inclusive ajeno a todo egoísmo, iba más allá de la posesión vulgar, y llevaba a asumir que el mundo para unos era un corazón, y para otros el corazón terminaba siendo el universo por entero. E inclusive era totalmente propio amar al extremo de renunciar al propio amor, de allí el socorrido epígrafe atribuido a Lord Byron cuando decía: "Deja a alguien libre: Si vuelve a ti es tuyo; si no, nunca lo fue..." . La vida y la muerte eran dos caras de la misma moneda. Acaso no recordamos esta inmensa verdad en los escritos de otro romántico como Goethe, quien en las trágicas tribulaciones del joven Werther hacía del sufrimiento la verdad más conmovible del amor romántico.
Herederas de estas tribulaciones, pero instaladas en el siglo XX aparecen la saga renovadora del cine latino que hizo del drama moneda común para perpetuar su romanticismo tardío, y que tuvo en los folletines y radionovelas, y posteriormente las tele lloronas que hasta ahora nos azotan el tiempo libre, y que todavía siguen siendo predios casi exclusivos de muchas mujeres que buscan del bien sufrir, inclusive de aquellas que aguardan la edulcorada esperanza del final feliz, como un recurso más barato para hacer soportable la dureza de los tiempos modernos. (1)
El romanticismo en la música no fue un movimiento uniforme, sin embargo nos legó obras memorables. La creación en los clásicos expresó esa tensión entre racionalidad y subjetividad, es decir, una rica estructura musical excelsa respecto a la búsqueda de los límites de la abstracción en la composición, pero con un interés por producir, a través del cuidado cromatismo de la música, la difícil tonalidad necesaria para evocar y provocar el libre despliegue de las emociones humanas. Esta ha sido una constante en autores que, pese a componer en distintas épocas, pueden ser reconocidos en el romanticismo musical como es el caso de Beethoven, Wagner y Tchaikovski, sólo posibles de ser apreciados en una audición, por ejemplo en las siguientes obras: Sonata nº 8 en do menor, Opus 13 (subtitulada "Pathétique"), Tristan und Isolde (liebestod), la Sinfonía n.º 6 en si menor, Patética, Opus 74o, de cada uno de los nombrados, respectivamente. (2)
La música romántica que viene posteriormente, si bien no bebe de estas fuentes, responde a otra vertiente que se encuentra con la temática del amor, de la pasión, o más precisamente del amor romántico. Asi, de esta expresión “amor romántico” puede concluirse a partir de estados que pueden configurarse en un triángulo: El amor correspondido o afortunado, el amor no correspondido, perdido o frustrado, y el amor engañado o simplemente la traición. Todo el saber y práctica musical de esta musicalidad romántica desde el bolero moderno de raíz latina, el tango, el valse criollo, el fado lusitano, la bachata dominicana, el pasillo ecuatoriano, la saya boliviana, y hasta en la morna caboverdiana que nos regala esa diva de los pies descalzos llamada Cesárea Évora.
Retomando el hilo de nuestra inicial reflexión sobre las comedias románticas, que tienen mucho de comedias y poco de románticas, o al revés, debemos de asumir que se disfrazan de vida cotidiana, de situaciones verdaderamente ridículas: La plebeya que se convierte en princesa, la prostituta que termina ligando con el magnate, la secretaria que después de ser olímpicamente ignorada sufre una verdadera transformación de torpe ganso en bello cisne y cautiva al disoluto jefe; o situaciones mucho más convencionales donde el amor es y no es, aparece en una trama absolutamente predecible, en un destino plagado de incorrecciones que termina arreglándose mas bien a partir de enredos. Lo poderoso de estas historias es que siendo totalmente falsas, y eso lo sabemos desde antes de sentarnos en la butaca, terminan por atraparnos, movilizan nuestros sentimientos, nos convencen de un discurso lineal pero efectivo. Las comedias románticas terminan siendo un buen sustituto de la realidad a la cual deforman grotescamente, pero cómo se parecen a la realidad. Por todo ello, de vez en cuando es bueno ver alguna de esas comedietas románticas de factura yankee. No nos dicen mucho, pero lo suficiente para divertirnos con sus happy end.
Las comedias románticas son como algunas canciones, tontamente románticas, y que sin embargo hacen de la tontería su única verdad. Como Silly love songs ("Esas tontas canciones de amor") ese tema de McCartney y sus Wings, lanzado en un simple en 1976, que dice la hagiografía era una respuesta de este autor a las constantes puyas de Lennon, quien se burlaba de sus aparentes ligeras y melosas canciones, esas que llenaban de I love you buena parte de las pistas.
Las historias de amor de las comedias románticas suelen ser tan cursis como buena parte de los temas musicales de ese "romanticismo" que aún nos visita en sus formas tradicionales y modernas, pero que han demostrado ser útiles en estos tiempos, tanto como los folletines de antes y la demás parafernalia que hoy nos provee el mercado. Por tanto, son siempre bienvenidos, pues nos ahorran de la cuenta del hipotético psicoanalista que nunca frecuentaremos. Las comedias románticas son el mejor artilugio de la industria cultural para hacer del amor una ficción anodina y perfectamente capitalizable. Es la punta de lanza de la emoción portátil, de la tristeza instantánea pero controlada, del “romanticismo” como preventivo a cualquier crisis afectiva, siendo menos peligroso que consumir antidepresivos y reemplazarlos por ese sabor tan parecido a aquel otro producto, tan estimulante y rico en endorfinas que conocemos como chocolate.
En suma, las comedias románticas son importantes porque nos permiten vivir y sufrir el amor que nunca tuvimos, o que aun cuando lo tenemos o experimentamos, siempre buscamos que se parezca al que espectamos en el ecran, sin las consecuencias esperadas de un corazón roto, a lo más, uno que otro lagrimón.
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(1) Dejo constancia que este género tuvo expresiones que llegaron al paroxismo con las películas hindúes y ahora llegan por kilos con las telenovelas coreanas que hacen llorar hasta a las cebollas.
(2) Escúchese estas obras en los siguientes enlaces:
www.youtube.com/watch?v=8LCClcf-CKs;
http://www.youtube.com/watch?v=Zq9U8oL7D04&feature=related;
www.youtube.com/watch?v=yhhsTBQzw5k